Y ahora, después
de darle tantas vueltas, después de intentar engañarme a mi misma creyendo en
esos cuentos que siempre tienen un final feliz, después de tropezar mil veces
con la misma piedra... puedo entenderlo todo, y encontré las respuestas a
aquellas preguntas que creí que jamás entendería. Ahora me di cuenta de que
todo este tiempo estuve absorbida por tus palabras, por tus promesas, por tus
miradas... por ti. Y me perdí buscando aquello que realmente me hiciese feliz,
sin saber que lo bueno llega solo, en cualquier momento, cuando crees que todo
está perdido... aparece. Y ese resto de esperanza que guardaba en lo más
profundo de mí, obtuvo su resultado. Pero saber que no eres mío y verte con esa
otra me parte el corazón en mil pedazos, y me revienta la idea de darme cuenta
de que verte tan feliz con otra persona que no soy yo, me duele. Me duele
porque yo te daría todo y más, sería como ella o mejor, te querría más que
nadie, infinitamente… pero en cambio, ella es la elegida. Y sí, yo solo soy esa
estúpida a la que un día ilusionaste y que hoy ya no forma parte de tu día a
día, como antes. Pero lo cierto es que para mí siempre fuiste ese alguien
especial y tu posición en mi lista siempre fue la primera. Porque tras cada
palabra que decías, mi ilusión iba creciendo. Y hoy, después de esta lucha
interna que no me deja vivir tranquila, después de intentar olvidar aquel
futuro que juramos vivir juntos, aquí me tienes, destrozada. Sin ganas de
seguir adelante, sin ganas de luchar por nadie más, sin ganas de seguir
creyendo en el amor. Y, ¿sabes?, no te culpo. La culpa fue mía, por no abrir
los ojos a tiempo, por estar tan ciega por tu amor que no me dejaba respirar,
por no entender que sólo era un juego que siempre estuvo perdido.

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