<<Es ese
escalofrío que recorre mi cuerpo con tan solo pensarte. Son esos nervios que me
paralizan cuando te veo. Es ese temblor que me invade cuando nuestras manos se
rozan por casualidad. Son esas mariposas que revolotean por mi estómago cuando
sueltas ese absurdo “hola” cuando te
diriges a mí. Me pregunto cuándo llegará el día en que sea un “buenos días cielo”,
porque lo de “princesa” ya está muy visto.
No entra en mis planes rendirme tan fácilmente. Lo evidente salta a la
vista, así que no le voy a negar mis sentimientos. El día que decida darle vida
a esta historia tan típica, le entregaré mi corazón… pero, si no es mucho
pedir, por favor, que no juegue con él. Está cargado de un amor tan puro que no
me deja pensar en otra cosa que no sea él y puede dejar de latir en cualquier
momento, puede perder todo ese amor si no lo tratan como es debido. No voy a
decirte que no me gustaría estar en su lugar, porque tenerle sería para mí
vivir en un estado de felicidad constante. Ser yo esa chica a la que tanto
protege, sería indescriptible. Sentirme rodeada por sus brazos cada minuto del
día… sería como un sueño imposible hecho realidad. Pero no nos engañemos, todo
sigue igual>>
En aquel
entonces, yo me desahogaba con mi mejor amiga, intentaba explicarle con
palabras lo que sentía, le definía cada emoción que sufría mi cuerpo al
pensarle, al verle, al rozarle… Ella no lograba entenderme, no era capaz de
entender cómo se podía querer así, de aquella manera tan fuerte y creía que
sería algo pasajero, un flechazo de esos que duran un par de semanas. Y yo, por
mi parte, no sabía hacerle entender que era algo real, ese algo que no se
busca, pero que tampoco se puede evitar, solo se siente…con mente, cuerpo y corazón. Pasó el tiempo, y aquella historia cada vez
quedaba más atrás, más olvidada. Conseguí seguir adelante y conformarme con lo
que tenía a mi alcance. Pero tampoco fue por mucho tiempo. Un día recibí un
mensaje de texto y… ¿quién me iba a decir a mí que aquel mensaje cambiaría mi
vida de por vida? Aquel cuento que años atrás había vivido internamente, en mi
cabeza, estaba a punto de cumplirse, de dar paso a una historia de dos. Ese día
entendí que todo pasa por una razón y que no todo son casualidades en esta
vida. Fue el día en el que empecé a creer en el destino, ese mismo que una vez
hizo que te cruzaras por mi camino, que me enamorase de ti, que viviese un amor
platónico… pero también aquel que me hizo creer que el amor no era para mí, y
que no tenía sentido ni valor si no era correspondido, sino era junto a él.
Hasta aquel día, que rompió todos mis esquemas, que llegó sin más, en un
momento cualquiera, en un instante que quedaría grabado a fuego en corazón.

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