1 de Junio
Son las seis de la tarde
de un sábado, hoy no hay planes, no quedan ganas, después de una mala y larga
semana, no existen ya motivos para querer terminarla bien. Con los deberes
hechos, ya solo me queda pensar, y ni si quiera quiero. Ahora solo me queda
este cuaderno y este bolígrafo, donde me dispongo a narrarlo todo.
Hoy no fue un día fácil,
al igual que los otros seis días de la semana si tú no estás. El deseo de
tenerte, domina mi cuerpo y es tan fuerte que siento que besarte es un asunto
de vida o muerte. Todos los recuerdos golpean en mi cabeza, y podría decirte
que por mucho que quisiera, jamás te podría olvidar.
Cuando la ficción se
convierte en realidad, me doy entonces, cuenta de que no todo siempre es lo que
parece, que no siempre uno más uno son dos, porque lo blanco puede ser negro, y
el negro es una mezcla de todos los colores; porque lo fácil no siempre es lo
acertado, lo complicado a veces es atractivo y lo atractivo no siempre es lo bello. Que a veces un “no”
puede ser un “sí” y, a veces, un “sí” es un “no” escondido. Porque a veces, los
ojos hablan más que millones de palabras, porque los silencios son más que las
palabras.
Porque una mirada dice
muchas cosas; porque, a veces, la imagen de alguien puede ser todo lo contrario
a alguien y lo que parecía ficción, a veces, se convierte en realidad y ya no
hace falta soñar.
Anoche soñé que nada de
esto había sucedido. Que estábamos sentados en el mismo banco del mismo parque
y a la misma hora de siempre, me hiciste sentir cosas diferentes, cosas que no
sabía que podía sentir. Entonces, fue cuando elegí tu boca, me quede tus
sonrisas, me diste tus palabras. Pero ahora necesito hechos, necesito que me
necesites, porque yo no puedo evitar necesitarte.
Y es que últimamente todo
me sale al revés; llegó el momento en el que me cansé de fingir que todo va
bien, ha llegado el día en el que necesitarte ha sido lo único que sabía hacer
bien. El día en que todos los malditos recuerdos se agolpan en mi mente, uno
tras otro. A pesar de que lo intento, no consigo ser capaz de sonreír
recordando esos infinitos momentos.
Te aseguro que no te
haces ni la menor idea de la falta que me haces, la falta que me hace hablar
contigo, la falta que me hace saber que te tengo ahí, para todo. Porque te
aseguro que echarte de menos no entraba en mis planes; me he dado cuenta de que
es imposible, inhumano, rompe la franja entre lo real y lo irreal. Admito que
no puedo, que te espero, que te quiero, y te vuelvo a querer; y que ni puedo,
ni quiero olvidarme de ti.
Y aunque vengan tiempos en
los que la distancia se apodere de nosotros, como en este mismo momento, aunque
notes que en tu hombro no está mi mano, aunque creas que de ti ya me he
olvidado, sabes de sobra que has buscado en mil lugares para encontrarme, menos
en el que siempre he estado: tú corazón.
Cierro el cuaderno, hoy
no es un buen día. Podría escribir sobre cualquier sentimiento estable y lo más
chocante es que escribo sobre el vacío de algo sin explicación concluyente,
sobre nada, sobre la ausencia de algo.
En estos días grises,
hago mil y un intentos por salir, por respirar, por nadar hacia la superficie
de la piscina; mil y un intentos que no llegan a nada.
Doy un paso para adelante
y dos más para atrás y, así, avanzo entre la gente, entre los problemas o
dilemas sin sentido, avanzo buscando alguien que me robe el corazón, que me
abra los ojos, un soplo de aire fresco, algo muy rosa, entre tanta monotonía
gris…

No hay comentarios:
Publicar un comentario