martes, 7 de mayo de 2013

hasta el infinito...

Y aquí estamos, frente a frente, pero en la distancia. Parece que fuera ayer cuando me regalaste tu primera mirada, tu primera sonrisa, tu primer beso... aquel era el inicio de algo que, con el tiempo, se hacía eterno. Y   en cambio hoy parece el fin, mi fin. Es increíble las vueltas que da la vida, aunque yo prefiero dejarlo todo en manos del destino. Te pienso, te pienso y te vuelvo a pensar. Reflexiono sobre ti, sobre mí y sobre nosotros, sobre aquel "nosotros" de no hace mucho. Eras mi reflejo, mi inspiración... y ahora pareces un extraño. Duele, ¿verdad? Sé que tú también lo sientes, ahí dentro, no muy lejos, en tu corazón. Lo veo en cada detalle que nadie ve. Y en tu mirada, en la forma en que te mueves. Veo al chico diez, el mejor de todos, el más perfecto de los imperfectos. Veo a mi chico. Ese que se me está yendo, ese que, sin darme cuenta, se está llevando medio yo. Sigo en pie sin sentir las piernas. Sigo viva sin sentir mi corazón latir. Que raro, ¿no crees? Tropiezo con tus recuerdos, desordenados en mi mente, mientras miro hacia atrás. Y me pierdo entre cada promesa, entre un simple te quiero. Sí, te quiero. Aún puedo decir esas insignificantes letras sueltas que juntas son tan poderosas. Y digo aún por decir algo, porque si de mi dependiese, lo diría cada día de mi existencia si ésta fuese a tu lado. A tu lado... que bien suena eso. Como el canon de Pachelbel, o la novena simfonía de Beethoven... cada nota en su lugar. Tu mano agarrando la mía, ese es su lugar. Tus labios rozando los míos, ese es su lugar. Dos almas unidas, más que nunca. Juntas y perdidas en el universo, en el día a día, en una rutina sin fin, en la eternidad.

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