jueves, 13 de junio de 2013

Es él...

Quería acabar con todo, dejarle atrás para evitar derramar más lágrimas en vano. No era una vía de escape, simplemente un periodo de distracción, dónde él no se incluía en ninguno de mis planes. Pero por mucho que lo intentara, no iba a dar resultado, podía olvidarme de él un par de horas, incluso tres, pero no podía olvidar todo aquello que vivimos, cada parte que recorrimos, cada sonrisa…cada gesto.
Lo que fue algo, desvaneció, se convirtió en daños inconscientes, ambos lo sabíamos pero éramos incapaces de evitarlos. La única solución sería la que más lágrimas nos haría malgastar. No queríamos continuar con aquél dolor mutuo ni tampoco queríamos terminar con aquella felicidad momentánea que siempre se ocultaba detrás de cada sonrisa.
Todo era culpa de la distancia, del supuesto maldito “destino”. Y digo maldito, porque últimamente solo me trajo problemas, comeduras de cabeza, rabia…pensar en un posible futuro dejando marchar mi presente. Es algo en lo que no puedo recurrir, no ahora mismo; no puedo pensar en un “y si…”, porque es la palabra más indecisa que existe en mi vocabulario.
Entre nosotros había algo, ahora solo hay sueños, deseos, ansias por tenerte…antes de que esto pasase, uno era la razón de la sonrisa del otro. Ella lo amaba, soñaba con el aroma de su cuerpo, dormía pensando que estaría con él tarde o temprano, que lo que era un maldito destino, se convertiría en el mejor de sus destinos.
Aunque no quiera admitirlo, es así. Querer pero no deber; es una cuestión que no quiero ni si quiera plantearme, porque sabes, que aunque no deba porque no lo merezcas, ahí estaría. Solo quiero pensar por un segundo, que tú harías ese mínimo por mí, aunque yo haría ese máximo. Y puede que una vez más, una parte en proporción de mi felicidad, siga dependiendo de ti.  Pero aunque esa proporción cambie, suba o simplemente baje, piensa que es por mi bien; que aunque otras personas me complementen, recuerda que tú siempre me completaste. Éramos como un puzle, pero él no era la pieza que encajaba conmigo y viceversa; era la pieza que destrozaba todo mi puzle, la que lo ponía todo patas arriba…hacia que se convirtiera en el puzle más difícil de lograr, pero cuando lo fuera a lograr, sabría con total seguridad que ese puzle, por fin…había valido la pena.
Creo, que todas estas palabras, se resumen en tres: “Sencillamente, es él…”


…y no otro.




No hay comentarios:

Publicar un comentario