Observo desde mi ventana las gotas que
caen sin fin sobre el cálido asfalto en una noche de verano. Y
saboreo, al mismo tiempo, dulces lágrimas que resbalan por mis
mejillas, atraviesan mis labios y aterrizan en mi almohada.
Últimamente se convirtió en rutina eso de echarte de menos. Eso de
mantenerme ocupada durante el día para no pensarte no funciona igual
cuando llega la noche. Sigo preguntándome qué hubiese pasado si...
si siguieras aquí. Tal vez seguiría fingiendo que no me importas.
Seguiría arrebatándote el valor que te mereces. Me asusta eso de
dejarme llevar, ya me conoces. Siempre preferí ser mediocre y
rendirme antes de luchar por lo que quiero. Me resultaba tan fácil
ponerme obstáculos a mí misma. Pero cuando apareciste tú todo en
mí cambió. Empecé a ver las cosas desde otra perspectiva, desde tú
perspectiva. Me pegaste tu estúpida manía de levantarte con más
fuerza tras cada caída. Me enseñaste que no hay nadie capaz de
hacer sentir inferior a una persona tan grande. Aunque nunca terminé
de admitirlo, cada día a tu lado significaba crecer en todos los
aspectos. Sabías como tratarme y qué decirme en cada momento. Pero
nunca fue suficiente para mí. ¿Sabes? Tarde o temprano llegaría el
día en que ese escudo que me protegía y me hacía fuerte ante los
demás caería sin más. Puede que hoy sea ese día y puede que hoy
al fin entienda que no se trata de esconder lo que somos, sino de
aprender a aceptarnos con todos nuestros defectos, de abandonar la
búsqueda constante de la perfección, porque ésta no siempre
conlleva la felicidad. De echo a mí me llevó por el camino erróneo.
Me alejó de mi fuente de felicidad, del motor que me daba la fuerza
justa como para seguir en pie un día más. Me obcequé tanto que ya
no podía oírte. Ojalá me hubiese dado cuenta antes. Ojalá mi
orgullo me hubiese permitido retenerte cuando estabas a punto de
poner un pie fuera de casa. Pero no fui capaz y eso me atormenta cada
noche, cada noche como esta. Tu olor permanece en las sábanas. Tus
cosas siguen en el mismo lugar. Y yo... yo sigo esperándote.

No hay comentarios:
Publicar un comentario