viernes, 12 de julio de 2013

Ahora que ya no estás

Observo desde mi ventana las gotas que caen sin fin sobre el cálido asfalto en una noche de verano. Y saboreo, al mismo tiempo, dulces lágrimas que resbalan por mis mejillas, atraviesan mis labios y aterrizan en mi almohada. Últimamente se convirtió en rutina eso de echarte de menos. Eso de mantenerme ocupada durante el día para no pensarte no funciona igual cuando llega la noche. Sigo preguntándome qué hubiese pasado si... si siguieras aquí. Tal vez seguiría fingiendo que no me importas. Seguiría arrebatándote el valor que te mereces. Me asusta eso de dejarme llevar, ya me conoces. Siempre preferí ser mediocre y rendirme antes de luchar por lo que quiero. Me resultaba tan fácil ponerme obstáculos a mí misma. Pero cuando apareciste tú todo en mí cambió. Empecé a ver las cosas desde otra perspectiva, desde tú perspectiva. Me pegaste tu estúpida manía de levantarte con más fuerza tras cada caída. Me enseñaste que no hay nadie capaz de hacer sentir inferior a una persona tan grande. Aunque nunca terminé de admitirlo, cada día a tu lado significaba crecer en todos los aspectos. Sabías como tratarme y qué decirme en cada momento. Pero nunca fue suficiente para mí. ¿Sabes? Tarde o temprano llegaría el día en que ese escudo que me protegía y me hacía fuerte ante los demás caería sin más. Puede que hoy sea ese día y puede que hoy al fin entienda que no se trata de esconder lo que somos, sino de aprender a aceptarnos con todos nuestros defectos, de abandonar la búsqueda constante de la perfección, porque ésta no siempre conlleva la felicidad. De echo a mí me llevó por el camino erróneo. Me alejó de mi fuente de felicidad, del motor que me daba la fuerza justa como para seguir en pie un día más. Me obcequé tanto que ya no podía oírte. Ojalá me hubiese dado cuenta antes. Ojalá mi orgullo me hubiese permitido retenerte cuando estabas a punto de poner un pie fuera de casa. Pero no fui capaz y eso me atormenta cada noche, cada noche como esta. Tu olor permanece en las sábanas. Tus cosas siguen en el mismo lugar. Y yo... yo sigo esperándote.

No hay comentarios:

Publicar un comentario